TICS en educación: te amo, te odio




      No es fácil definir las nuevas tecnologías en las Instituciones Educativas, mucho menos al impacto que tienen las mismas. Embarcarse en esta aventura es tratar con términos nuevos los cuales nadie quiere definir, no por mera holgazanería -o quizá sí-, sino porque existe el retruque de “hay cosas mucho mas urgentes que aprender a hacer doble clic”.
     Esto es mucho más que un “doble clic”, las TICS son más que una ejecución mecánica sobre un dispositivo enchufado a 220v. Pero ¿por qué se piensa que es un “doble clic”? O mejor dicho: ¿por qué no se piensan las TICS?

      En esta primera entrada se va a trabajar sobre esa duda, sobre el miedo a lo desconocido, la oda a Terminator, el temor de que un robot nos robe el empleo. Para esto voy a intentar desandar un poco algunos conceptos básicos que, a modo de paño común, nos irán guiando en este mar picado.

      No se puede pensar las TICS sin mirarlas como la vorágine que son, el torbellino innovador (que no es tan nuevo), que no piden permiso y que, por desgracia, no son producto de nuestras tierras. Al no ser la resultante de un proceso autóctono puede convertirse todo en una falsa verdad obsoleta: se puede comer un asado con una cuchara, pero ¿es para eso la cuchara?
      Así como se pueden hacer los mandados diarios usando un formal 1 por las calles del barrio, se puede usar una computadora sólo como calculadora simple. Así como se puede usar un cartucho de dinamita para sacar el sarro del baño, se puede usar la sala de computación para imprimir trabajos de ultima hora.

      Es correcto utilizar la pc para hacer cuentas, es correcto imprimir trabajos; el conflicto está en la naturalización de procesos digitales/virtuales/técnicos por parte de los alumnos, sin que se produzca el aprendizaje buscado. Así bien sepamos que las TICS están metidas con fórceps en nuestra educación, no podemos obviar que entenderlas como un conjunto de hechos aislados que asisten a otros mayúsculos (según la escala de valores clásica) es arar un campo con una aguja.

      Entonces cabe preguntarse si las TICS son algo útil, si su finalidad es asistir a tareas administrativas o si en verdad es pensar el futuro comunicacional y relacional desde otro punto. Es sabido que son una respuesta a una pregunta que aún no nos hicimos, pero ¿por qué paralizarse? ¿Por qué temerle a algo inevitable?

Las TICS no son el futuro, son el ahora.


      Esa es otra gran arista que merece ser abordada: la inevitabilidad de las TICS; nadie las pidió, pero sin embargo ahí están, independientemente de la existencia de un salón de computadoras o de la materia per se. Las nuevas tecnologías e informáticas modificaron el día a día de la población mundial (hasta de los caídos del sistema), se metieron en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestros platos, en nuestro ocio, y descanso final.

      Cuando entra un alumno a la Institución no lo hace solo, y con esto no busco parafrasear a Freire, simplemente actualizarlo con un término medianamente actual: ahora entra el alumno y su avatar. Es inevitable que las TICS invadan y salpiquen cada rincón institucional, la toma de postura -por parte de la gestión- no puede ser otra que actuar en consecuencia aprovechando ese caudal manifiesto.
      Al no ser producto de nuestras tierras, las TICS, no son la respuesta a ninguna necesidad, factor que dificulta la conexión con el devenir aúlico (entendiendo al aula como una muestra de la sociedad); pero sin embargo ahí están, listas para dejarnos en ridículo ante la aldea global o ayudarnos a replantear críticamente todo el sistema educativo: sí, TODO.

      Para finalizar quiero retomar el puntapié inicial: ¿hay que temerles a las TICS? Obvio, más si se le teme a lo desconocido. 




Ivan

Pd: aquí les dejo el link al monstruo más grande de todos, que duerme en nuestra mesa de luz y nos acompaña hasta en el baño, para que se vayan familiarizando: EL CUCO







































Comentarios